Emilio, un hombre de cuarenta y ocho años compra una vieja casa abandonada en la periferia de Rosario y decide mudarse a lo que será su nuevo hogar. Con el objetivo de restaurarla decide contratar obreros. Es en estas circunstancias que los trabajadores encuentran -dentro del pozo ciego- una caja de metal que en su interior guarda un diario escrito por Nadia, una chica de trece años. En esas páginas se descubren los tormentos que ella padece noche a noche junto a su hermano Aaron, de dieciséis años y con síndrome de Down. La terrible oscuridad de su habitación en aquella humilde casa es el contexto donde se produce tanto sufrimiento. Este cuadro se agrava a partir de la indiferencia y el maltrato al que son sometidos por su madre, una mujer psicológicamente inestable.
Emilio, al leer el diario, se sumerge en la vida de estos dos hermanos y advierte cómo la oscuridad es reflejada por Nadia como algo vivo y salvaje, parecido a un animal, difícil de poder soportar, que los afecta casi todas las noches cuando están acostados en sus camas. En ese tenebroso cuarto no logran descansar y esto les va arruinando sus vidas. La intriga de Emilio crece y esto lo lleva a comunicarse con Víctor, un hombre al que conoce desde hace mucho tiempo. Se trata de una persona calma, de unos cincuenta años a quien le gusta estudiar y ha dedicado buena parte de su vida a la investigación en general. Es él quien sumergido en la lectura tratara de averiguar aquello que no pudo Emilio. A medida que avance su tarea comenzará a interpretar desde otro punto de vista aquello que les sucede a los hermanos.
Emilio y Víctor intentarán indagar más sobre el diario de la adolescente, pero el único resultado será el dolor y necrosis de sus vidas.